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Qué tentación magnífica la de ponerse solemne ante cada demostración de poder del sistema decimal: hoy cumplo treinta años. Ya no tengo y nunca más tendré veinte. Cómo doma el tiempo y qué caballos somos todos los demás.
Pensé que este día iba a encontrarme nadando en un lago de angustia y autocompasión, y me sorprende de verdad darme cuenta de que no es así. Siento un alivio inmenso, algo incomparable con nada que haya sentido antes. Cada vez que cumplí años desde que pasé los veinte la sentencia siempre era: se te acaba el tiempo. Podría hacerme el idiota o el gracioso, para el caso es lo mismo, y decir ¿el tiempo de qué?, como si no supiera perfectamente qué tiempo era el que se me acababa: el de ser un prodigio, el de hacer una demostración apabullante de un talento que no sabía que tenía para que todo el mundo me confirme que sí, que era mío, y que lo había domesticado antes que la mayoría. Y bien amigos, el tiempo se acabó. Soy libre, por fin, de ese deseo.
Hoy estoy, como dijo aquella vez el amigo Kerouac, parado entre el Este y el Oeste de mi vida, y, aunque sé que el sol eventualmente declina, siento que conozco cada vez mejor los ángulos que permiten a la luz penetrar las grietas. Como para cualquier pibe raro, los veinte fueron los mejores años de mi vida hasta el momento. Conocí el mundo, el demonio y la carne. Dejé que el mundo, el demonio y la carne me conocieran a mí. No me arrepiento de nada.
Que venga lo que tenga que venir y yo me arreglo,
FF


Feliz cumpleaños amigo, dale que so vo 🙌🏻
feliz pumpleee